El cerdo ibérico y el cerdo blanco tienen unas características completamente distintas tanto en cuestiones morfológicas como de crianza y alimentación.
Morfológicamente, el cerdo ibérico es más pequeño que el cerdo blanco, más musculado, de piel oscura y pelaje corto, patas estilizadas y generalmente con la pezuña de color negro. El cerdo ibérico se cría exclusivamente en la zona sur y este de la Península Ibérica, mientras que el cerdo blanco se cría en todo el mundo.
Además, el cerdo ibérico tiene la particularidad de infiltrar la grasa dentro de su propio músculo. Una característica crucial para el aspecto, aroma y sabor de sus productos.
La crianza del cerdo ibérico suele ser extensiva (con largos periodos en los que el cerdo se deja en libertad pastando en la dehesa) mientras que el cerdo blanco se cría de manera intensiva (recluido y sin ningún tipo de ejercicio).
En cuanto a la alimentación, el cerdo ibérico suele alimentarse de bellotas y hierbas durante la fase de montanera (de octubre a marzo), mientras que la alimentación del cerdo blanco suele ser exclusivamente de piensos.
Todos estos factores hacen que los productos de cerdo ibérico sean completamente diferentes a los productos de cerdo blanco, tanto en su aspecto como en su aroma y sabor.
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